Aunque el destino nos lleve lejos, es necesario regresar al hogar. Como bien dijo Kavafis, "pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias". Pero el resultado siempre es el mismo, la vuelta al hogar. El problema surge ahora, cuando una se plantea a que puede llamar HOGAR. En mi caso no es una porción de tierra, ni una casa construida en algún lugar. Mi hogar está en cualquier parte, lo importante es como disfrutar de mi propia libertad. Y para ello los amigos, los verdaderos amigos son el eje. Por ello, cuando te ves obligada a anclarte a un sitio. y te alejan de aquellos que te acompañan en tu viaje, sientes una especie de vacío en tu interior.
Tras un tiempo dedicándome exclusivamente a mis obligaciones, he retomado el contacto con la vieja manada. Y me he sentido como hacía tiempo que no lo hacía. El amparo de la noche me ha brindado la oportunidad de sentirme como hace mucho que no lo hacía. Viejos sentimientos, que creía olvidados, simplemente estaban escondidos, ocultos, y han vuelto. Y por desgracia, aunque en un inicio despertara en mí una felicidad inmensa, ahora el peso de la nostalgia se proyecta pesadamente sobre mis hombros, siendo como una sombra pesada de la que no me puedo deshacer.
Me planteo el futuro, sigo con lo que debo hacer, con aquello que ayude a un supuesto bien común, o simplemente me dejo llevar?. Me lanzo a la carretera y mando todo a la mierda?. Estoy tentada, pero las obligaciones son una unión demasiado pesada. O puede que sea la excusa que me doy para no hacerlo, sabiendo que la decisión no tiene vuelta atrás. Si me ato a mi actual destino me arrepentiré por toda la eternidad, pero algo me atrae en esta oscura ciudad, algo me ata y me impide dejarla...
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| Vuelta a las noches de antaño, con la carretera como única meta |
